Sesenta años de sacerdocio, humildad y servicio: Totana homenajea a Isidro Molino en sus Bodas de Diamante Sacerdotales

La Parroquia de Santiago el Mayor de Totana acogió este sábado una emotiva Eucaristía de Acción de Gracias con motivo del 60 aniversario de la ordenación sacerdotal de Don Isidro Molino, una celebración cargada de emoción, gratitud y reconocimiento hacia una vida dedicada por completo al servicio de Dios y de los demás.

Aunque la fecha exacta de su ordenación sacerdotal se cumple el próximo 12 de junio —fue ordenado sacerdote en 1966— la comunidad parroquial quiso adelantar la celebración unos días para acompañar a quien ha dedicado seis décadas de su vida al ministerio sacerdotal. Familiares, amigos, fieles y miembros de la comunidad parroquial se dieron cita en el templo para arropar a Don Isidro en una jornada muy especial, en un ambiente de cercanía y afecto que reflejó el cariño que ha sembrado durante toda su trayectoria pastoral.

La celebración estuvo presidida por el párroco de Santiago el Mayor, Francisco José Fernández, quien pronunció una homilía profundamente humana y agradecida en la que realizó un recorrido por la vida y el ministerio de Don Isidro, destacando su sencillez, su capacidad de entrega y su fidelidad a la vocación recibida.

Una celebración con tres motivos de acción de gracias

Desde el inicio, el párroco quiso situar la celebración en su contexto más amplio. Además del aniversario sacerdotal de Don Isidro y de la proximidad de la solemnidad del Corpus Christi, Francisco José Fernández sumó un tercer motivo de acción de gracias: el viaje apostólico del Papa León XIV a España, cuyo lema —"Alzar la mirada"— resonó durante toda la homilía como invitación a la esperanza. "Le damos gracias por que pueda venir a España y en comunión con el Santo Padre, para que verdaderamente nos confirme en la fe y nos transmita palabras de buena noticia", señaló el párroco.

Fue precisamente la coincidencia con el Corpus Christi la que sirvió para establecer el paralelismo central de la homilía: así como Cristo se hace presente de manera humilde en el pan y el vino, la vida de Don Isidro ha estado marcada por una entrega silenciosa, discreta y constante, muchas veces alejada de protagonismos.

"Sesenta años de fidelidad, sesenta años de entrega, sesenta años hasta dejándose las fuerzas", destacó Francisco José Fernández, subrayando cómo, incluso en la etapa actual de su vida, Don Isidro continúa viviendo su vocación con la misma disponibilidad de siempre.

"Quizás eso refleja una vida entregada a los demás", señaló al recordar una frase pronunciada por el propio homenajeado antes de comenzar la celebración: "Tú di de mí que soy poca cosa."

El "cura de los pantalones"

Uno de los momentos más entrañables de la homilía llegó al recordar sus primeros años de sacerdocio en Bullas, su primer destino pastoral. Francisco José Fernández, natural de Bullas, evocó una anécdota que el propio Isidro ha contado en numerosas ocasiones: en una época en la que la mayoría de los sacerdotes utilizaban sotana, él optó por vestir de otra manera, lo que hizo que en el pueblo comenzaran a conocerlo cariñosamente como "el cura de los pantalones".

Lejos de ser una simple anécdota, el párroco explicó que aquel gesto reflejaba ya una manera concreta de entender el sacerdocio: cercana, sencilla y profundamente humana. "Yo tengo un estilo propio", recordó que decía entonces Don Isidro, una forma de vivir el ministerio que le ha acompañado durante toda su vida.

Una vida junto a quienes más lo necesitaban

La homilía repasó también los distintos destinos pastorales de Don Isidro y la huella que ha dejado en cada uno de ellos. Su labor en Bullas, Alhama de Murcia, El Palmar y San Ginés fue recordada con gratitud, destacando especialmente esta última etapa, donde participó activamente en la construcción de un nuevo templo parroquial.

Sin embargo, uno de los aspectos más destacados de su trayectoria fue su servicio durante 39 años como capellán de la cárcel de Sangonera. "Desde allí tocando el cuerpo de Cristo de manera existencial", expresó el párroco, recordando cómo acompañó durante décadas a personas privadas de libertad, llevando esperanza, escucha y cercanía allí donde más se necesitaban. Francisco José Fernández subrayó que precisamente en esos lugares donde la sociedad suele mirar menos es donde Don Isidro desarrolló una parte fundamental de su ministerio.

Un sacerdote querido como padre y abuelo

El párroco quiso destacar también la dimensión más personal de la figura de Don Isidro durante los años compartidos en Totana. Desde su llegada a la parroquia como "jubilado activo", siguió colaborando con generosidad en las celebraciones y en la vida pastoral de la comunidad.

"Lo tenemos como un padre", afirmó Francisco José Fernández, antes de referirse también a los sacerdotes más jóvenes: "Francisco lo tiene como un abuelo e Isidro lo tiene como un nieto." Hizo mención expresa también a Gonzalo, "el jovencito de la familia", animándole con afecto. Un ambiente de fraternidad sacerdotal que el párroco describió como uno de los grandes dones de estos años compartidos.

"Ha sabido siempre estar donde tiene que estar, decir lo que tiene que decir en el momento oportuno", señaló.

"Lo único que tengo para darle al Señor es mi vida"

Visiblemente emocionado, Don Isidro Molino tomó también la palabra para agradecer el cariño recibido. Con la sencillez que marcó toda la celebración, recordó que lo verdaderamente importante es vivir agradecidos a Dios. "Lo único que tengo para darle al Señor es mi vida", afirmó.

A sus casi 85 años —los cumplirá el próximo mes de agosto— expresó que sigue llevando en el corazón todas las parroquias y comunidades por las que ha pasado. "Siempre las llevo en el corazón", aseguró. Y tuvo también un recuerdo emocionado para un hermano sacerdote ya fallecido que no ha podido acompañarle en este día, un momento de honda humanidad que no pasó desapercibido entre los presentes.

El emocionado homenaje de su familia

Otro de los momentos más emotivos de la tarde llegó con la intervención de una de las hermanas de Don Isidro, quien tomó la palabra en nombre de toda la familia. Con visible emoción, recordó la humildad que siempre ha caracterizado a su hermano y el lema que él mismo ha repetido a lo largo de su vida: "De bien nacidos es ser agradecidos."

"La palabra 'no' no está en su diccionario", afirmó, recordando que nunca ha sabido negarse cuando alguien ha necesitado ayuda. Repasó también los distintos lugares donde ha ejercido su ministerio —parroquias, hospitales y centros penitenciarios— destacando que en todos ellos "ha sabido ganarse la estima de todos cuantos han trabajado junto a él."

La familia quiso expresar su agradecimiento a los sacerdotes de la parroquia por la organización de la celebración. "Para él ha sido como un trozo de cielo", afirmó emocionada.

Una gran foto de familia para cerrar una jornada histórica

La celebración concluyó con unas palabras de agradecimiento del párroco, quien recordó que Don Isidro reside actualmente en el Hogar de la Sagrada Familia de Nazaret, conocido popularmente como María Campillo, donde continúa viviendo su vocación sacerdotal junto a otros presbíteros en un ambiente de fraternidad.

Antes de la bendición final, Francisco José Fernández anunció que el domingo tendría lugar la procesión tradicional del Corpus Christi desde el convento, invitando a los fieles a acompañar al Señor por las calles del municipio.

Y antes de despedir la celebración, en un tono cercano y distendido que arrancó más de una sonrisa entre los asistentes, el párroco aprovechó la presencia de David, de Totana.com, para organizar una fotografía de grupo que inmortalizara la jornada. "Vamos a hacer una gran foto de familia", anunció, invitando a familiares, amigos y fieles a acercarse para rodear a Don Isidro en una instantánea para el recuerdo.

La imagen final, con el homenajeado rodeado de quienes han compartido parte de su camino vital y espiritual, simbolizó perfectamente el sentido de una celebración que fue mucho más que un aniversario: el reconocimiento de toda una comunidad a un sacerdote que ha dedicado sesenta años de su vida a servir con humildad, discreción y generosidad.

Sesenta años después de aquel 12 de junio de 1966, la comunidad cristiana de Totana quiso devolverle una pequeña parte del cariño sembrado durante toda una vida. Un homenaje sincero a un sacerdote que, como él mismo afirmó, siempre ha intentado llevar la gracia de Dios allí donde ha sido enviado.

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