El Centro Sociocultural de La Cárcel se convirtió anoche en un espacio de vulnerabilidad compartida y valentía colectiva durante la presentación del primer libro de la artista y escritora totanera Laura Acosta, Tu hueco en mi vientre. El acto, que llenó el teatro, trascendió la habitual puesta de largo literaria para convertirse en una reivindicación necesaria: el derecho a transitar el duelo por la pérdida de un hijo antes de nacer sin tabúes ni silencios impuestos.
Un inicio poético: el cuerpo como búnker y herida
La velada se abrió con la voz de la autora recitando Hábitat, un poema inédito que no forma parte del libro, pero que resulta esencial para comprender su proceso creativo y emocional. A través de versos desgarradores, Acosta habló de “habitar el dolor” y de ese exilio interior en el que el cuerpo deja de ser hogar para convertirse en una herida abierta. El poema dibujó la imagen de un “búnker bajo la sábana”, donde el alma finge estar curada mientras se reconoce ajena frente al espejo.
Tras el recital, la autora agradeció la calurosa acogida en un espacio profundamente simbólico para ella y dio paso a una conversación que marcaría el tono del acto: honesta, serena y sin concesiones al edulcoramiento.
Una tertulia a tres voces: arte, psicología y acompañamiento
La presentación se desarrolló en forma de tertulia entre Laura Acosta y dos mujeres clave en su camino. Por un lado, Celia Arcas, conductora del pódcast A pecho descubierto, donde la autora habló por primera vez de forma pública sobre su pérdida; por otro, Beatriz López Bernal, psicóloga perinatal de El estudio de mamá, quien la ha acompañado terapéuticamente durante el proceso.
Celia Arcas destacó cómo la lectura del libro le permitió situarse en experiencias que nunca había vivido, emprendiendo un viaje que definió como “ilusionante, amargo y profundamente difícil”. Beatriz López, por su parte, subrayó que la obra representa la culminación de un proceso de resiliencia excepcional, poniendo en valor la capacidad de la autora para permanecer en el dolor sin huir de él, algo poco habitual en una sociedad que exige soluciones rápidas al sufrimiento.
Tres etapas de una maternidad interrumpida
La conversación siguió la estructura del libro, concebido como un diario íntimo de una interrupción legal del embarazo por motivos médicos, articulado en tres partes.
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La aventura de mi vida
En este primer bloque se abordaron las dudas previas a la maternidad. Laura Acosta confesó no haber sentido nunca un “deseo místico” por ser madre, sino una sucesión de preguntas: si sería suficiente, si sabría hacerlo bien, si estaba preparada. Finalmente, decidió “lanzarse al precipicio” al asumir que nunca existiría el momento perfecto, condicionado siempre por factores laborales, económicos o vitales. -
¿Quién me preparaba para esto?
El relato se tornó más crudo al llegar a la conocida como “la temida semana 20”. La autora evocó el silencio extraño en la consulta ginecológica antes de recibir la noticia de que algo no iba bien. A partir de ahí, describió las dos semanas posteriores, marcadas por el límite legal de la semana 22 para decidir y por una mezcla de shock, culpa y búsqueda compulsiva de información, en un intento desesperado por encontrar esperanza. -
Volver a ser una sola
La última parte del libro aborda el postparto sin bebé y el duelo social. Laura explicó la contradicción entre una mente consciente de salir del hospital sin su hija y un cuerpo que responde fisiológicamente al parto: producción de leche, contracciones uterinas y recuperación física. Un conflicto que obliga a reconstruirse desde un lugar completamente nuevo.
El duelo del padre y la invisibilidad masculina
Uno de los momentos más significativos del acto fue la intervención de Sergio, pareja de Laura, quien aportó la perspectiva del padre en el duelo perinatal. Denunció cómo socialmente se le “borra de la foto” y se le educa para sostener, callar y seguir adelante sin espacio para la vulnerabilidad.
Beatriz López incidió en la necesidad de que los hombres también puedan romperse y pedir ayuda, recordando que el proceso de sanación no es individual, sino familiar.
Ciencia y consuelo: el microquimerismo fetal
Durante la charla se introdujo el concepto científico del microquimerismo fetal, que explica cómo células del bebé permanecen en el cuerpo de la madre para siempre. Esta idea se convirtió en un elemento de consuelo para la autora, reforzando el mensaje de que “se es madre desde el positivo” y de que el vínculo con el hijo no desaparece, independientemente del desenlace del embarazo.
El arte como refugio y legado
Laura Acosta cerró el acto explicando que el arte y la escritura han sido herramientas fundamentales para materializar emociones abstractas y desanudar el dolor. Tu hueco en mi vientre no es solo un homenaje a su hija, sino también un espacio de acompañamiento para otras mujeres que atraviesan procesos similares. “Este libro ha sido una forma de saciar la sed de dar todo el amor que tenía preparado para mi bebé”, expresó visiblemente emocionada.
El libro ya se encuentra disponible en Amazon, así como en puntos de venta locales de Totana —Librería Faro y Librería Romero— y en la red de bibliotecas municipales. El acto, que estuvo organizado por el Centro Cultural y Obrero de Totana, concluyó con una convicción compartida: hablar del duelo no es abrir la herida, sino empezar a cuidarla.